REGIÓN Y REGIONALISMO:
EL PROBLEMA REGIONAL EN EL CHILE DEL SIGLO XXI
EL PROBLEMA REGIONAL EN EL CHILE DEL SIGLO XXI
¿Qué es una Región? ¿Cómo Podemos definirla, a fin que abarquemos el conjunto de los variados elementos que la conforman? ¿Es lo mismo una región en Chile, en Italia, en Francia o en España? Desde el punto de vista de la Ciencia Política, entendemos a la Región como una entidad histórica y cultural asentada en un territorio limitado, al interior de un Estado nacional que tiende a distinguirse con su propia visión e identidad y a diferenciarse políticamente de las demás entidades territoriales. En virtud de esta definición, territorio, población, identidad, recursos y proyecto de futuro, pueden considerarse como los elementos constitutivos de la entidad regional en ésta época.
LA ENTIDAD REGIONAL: ELEMENTOS CONSTITUTIVOS
Justamente, a la luz de la Ciencia Política, los elementos constitutivos de la entidad regional, de acuerdo a definición anterior, suponen o entrañan cinco realidades, las cuales se interrelacionan, ellas son:
a) La pertenencia a un Estado nacional que define los límites políticos y administrativos de un territorio, y que brinda entonces en el sustrato o componente territorial de la región;
b) La existencia de un grupo humano radicado que se constituye en una comunidad humana, en definitiva, una SOCIEDAD susceptible de definir una visión y un proyecto futuro de Región, en función de los recursos disponibles, de su esfuerzo en el tiempo y de su voluntad de permanencia, y que sería el componente humano de la entidad regional;
c) La clara identificación de un conjunto de religiones, doctrinas, creencias, tradiciones, costumbres y valores comunes que forman una identidad cultural propia y distinta y le otorgan un sentido de pertenencia, y que se constituye en el componente identitario o cultural de la entidad regional;
d) la existencia de un conjunto de recursos susceptibles de constituirse en la base material y económica para el desarrollo humano de la comunidad regional, dentro de la diversidad de sus localidades componentes, y que denominamos el componente económico-material de la entidad regional; y
e) La formación y permanencia en el tiempo, de una visión común y de un proyecto de región compartido y acompañado de una voluntad colectiva de impulsarlo y materializarlo, y que sería el componente prospectivo o programático de la entidad regionalEstado, nación y región.
Desde el punto de vista de la Ciencia Política moderna, resulta evidente que el Estado nacional se encuentra sometido, desde mediados del siglo XX a una doble presión que tiende a cuestionar sus bases de sustentación (nos referimos a la llamada crisis del Estado nación). Históricamente además, los fenómenos regionalistas y localistas fueron anteriores a la formación del Estado nacional, como es el caso muy frecuente en América Latina y en Chile en particular, donde la trayectoria de los regionalismos (una historia aún no escrita, por lo demás...) sigue paralela a la formación del Estado republicano independiente y a la cristalización de la idea nacional. Por un lado, las presiones y demandas regionalistas y localistas, apuntan a ir produciendo un traspaso progresivo (y no siempre fácil) de competencias, recursos y poderes, desde el Estado central hacia las unidades territoriales regionales y locales, lo que puede constituirse en un factor de debilitamiento de la entidad estatal tradicional. Y por el otro lado, el Estado nación recibe las presiones provenientes de la tendencia general hacia la globalización y hacia la formación paulatina de bloques continentales (la llamada "continentalización" del planeta), con la irrupción de entidades supra-nacionales y supra-estatales que, también a su manera, apuntan a ir despojando al Estado nacional soberano de sus tradicionales competencias exclusivas. El fenómeno de la Unión Europea está allí ante nosotros, como una prueba empírica de este fenómeno. Puede hablarse de que a lo largo de un prolongado ciclo histórico al cual estamos asistiendo, desde la segunda post-guerra, a una suerte de desconstrucción paulatina del Estado nacional tradicional, tensionado por dos grandes corrientes, que intentan ir privando al aparato estatal-nacional de sus prerrogativas y soberanías anteriores.
Las tendencias regionalistas, descentralizadoras y desconcentradoras que se manifiestan en todo el mundo, obedecen a su vez, a un retorno identitario, y a una relativa pérdida de legitimidad del Estado nacional como "institución de instituciones", procedimientos y normas centralizadas, de la que son responsables tanto los estatismos de todo color que se desarrollaron en la primera mitad del siglo XX, como las orientaciones anti-estatales que los liberalismos han implantado como políticas. Al hundirse el Estado de Bienestar (de los liberales keynesianos) y el Estado socialista monolítico (de los marxistas ortodoxos), el Estado nacional contemporáneo ha quedado disminuido en sus bases legitimadoras, frente al contrapeso cada vez más visible y eficaz de las regiones y comunas, que disponen ahora cada vez más de más recursos y atribuciones. Es una suerte de implosión o de deconstrucción del Estado, proveniente desde el interior mismo de la entidad nacional. La región es una realidad socio-cultural que desde los orígenes de la época moderna, ha resultado sumergida al interior de la entidad nacional. Cuando se formaron las primeras naciones modernas, las entidades regionales pre-existentes fueron enmarcadas y reguladas por el nuevo Estado nacional. Por lo tanto, la región subyace a la nación. Pero, entre las antiguas naciones europeas (formadas desde el siglo XVIII) y las nuevas naciones latinoamericanas (formadas desde el siglo XIX y XX), hay una diferencia fundamental. En aquellas formaciones, la nación era anterior al Estado, es decir, las naciones se consolidaron mediante la cristalización y unificación de sus regiones y localidades, y solo a continuación se formó el Estado moderno. Pero en las nuevas naciones de América Latina, lo fundamental es que el Estado formó y organizó política, jurídica y territorialmente a la nación (en un proceso de construcción nacional que aún se está produciendo), de manera que las regiones solo vinieron a aparecer cuando el Estado ya estaba organizado y estructurado. Esto explica el distinto protagonismo político que es posible percibir, entre las regiones de los Estados europeos (dotadas de privilegios, atribuciones y recursos considerables, y con una fuerte tradición histórica y cultural), y las regiones de los países latinoamericanos (dependientes, debilitadas y subsidiadas por un Estado concentrador y centralizado). A su vez, la compleja relación entre el sentimiento del patriotismo y el sentimiento regionalista, permite comprender también los límites del fenómeno regionalista. No debe olvidarse que las sociedades latinoamericanas forman históricamente Estados que son omnipresentes, es decir, organizaciones estatales que tienden a dominar la totalidad del espectro político y la realidad política y que producen además, sociedades civiles débiles y poco organizadas, por lo que la mentalidad predominante es de un estatismo condescendiente.
LA REGIÓN COMO UNA REALIDAD SIMBÓLICA: EL PARADIGMA REGIONALISTA
Los regionalismos, como fenómeno político, no surgen de la nada; por el contrario, debajo de los partidos y movimientos que pretenden aglutinar los intereses regionalistas, subyacen complejos ideales, intereses sentimientos y aspiraciones, cuyo significado debe ser cada vez descifrado. En primer lugar, el regionalismo se sustenta en un apego ancestral a la tierra, al terruño, a un territorio que es considerado como propio y como fruto de generaciones de familias que han "echado raíces". Todo regionalismo moderno se asienta fuertemente en un poderoso sentido de pertenencia a un territorio, un sentido de pertenencia territorial que tiende a valorar positivamente la geografía propia, y a diferenciarla de las características físicas de otras entidades regionales. En la simbología y el imaginario colectivo regionalista siempre se hace referencia en primer lugar a la pertenencia territorial y a la identidad profundamente asociada a un lugar, a un territorio, a una geografía distinta y propia. "Esta es mi tierra, aquí nací y aquí probablemente moriré", bien podría ser una síntesis que expresa este aspecto del fenómeno regionalista como creencia. El origen regional y local adquiere una importancia fundamental a la hora de distinguir y diferenciar al hijo o hija originario de una región, respecto del visitante o del inmigrante que viene de otras regiones o países. Hay así políticamente un regionalismo originario (surgido del propio nacimiento en una región), a diferencia de un regionalismo de adopción. En segundo lugar, el regionalismo se manifiesta exteriormente como un sentimiento de adhesión y de valoración positiva de la propia región.
El regionalista siempre establece una comparación -aunque sea subjetiva e involuntaria- entre la condición de su propia región respecto de otras regiones y de la capital. El regionalismo adhiere a lo propio, para distinguirlo de lo ajeno. El sentimiento de pertenencia es tan fuerte como el sentimiento de sentirse viviendo en un territorio único e irrepetible, con características paisajísticas y de recursos que no se encuentran en la misma combinación, en ningún otro lugar del mundo. Es desde este sentimiento de apego y de pertenencia, de donde emanan la nostalgia del que vive lejos, la añoranza del exiliado o del emigrante y el deseo profundo de regresar del que ha salido en busca de otros horizontes.
La región es un sentimiento apegado a la tierra, al territorio propio en el que la familia ha crecido y ha dejado descendencias. El apego regionalista se afirma incluso en el hecho de haber ido muriendo los ancestros en el mismo terruño, lo que implica raíces sentimentales, filiales, fraternales, maternales y paternales que perduran en el tiempo. La región es un sentimiento apegado a la familia, es decir, a una sucesión de generaciones que en el tiempo han dado hijos y nietos, abuelos y tíos, y que al permanecer radicados en el mismo territorio, construyen sus vidas, fabrican su porvenir y hacen región incluso con el solo hecho de permanecer.
Podría afirmarse que no hay región sin un territorio físico, pero se trata de una realidad incompleta. En verdad, la región es un sentimiento de apego tan fuerte, que no basta con vivir en dicho terruño para sentir amor por el; el que ha emigrado alimenta en su vida cotidiana sus recuerdos, precisamente reivindicando y repitiendo los mismos rituales, tradiciones y costumbres que le hacen sentir como si viviera en su región de origen. El que ha emigrado, se siente cerca aunque esté lejos. El regionalismo moderno es una mirada hacia el resto del país, desde la perspectiva de la propia región, y por lo tanto, implica siempre una crítica al centralismo y a los estilos de gobierno y administración que consideran a las regiones en una posición secundaria o subordinada con respecto a la capital. Mientras más fuerte y concentrador es el centralismo del Estado nacional y mientras más hegemónica es la posición de la capital en el conjunto del territorio nacional, mayor es la posibilidad que surja un regionalismo anti-capitalino y anti-centralista. Se trata también de un sentimiento, pero supone una manera política y cultural de ver la propia nación a la que pertenece, con los ojos del habitante de la región. Los regionalismos actuales -especialmente en América Latina y en Chile- pueden ser comprendidos como una forma particular de patriotismo radicado en una porción de la patria común. El regionalista se siente haciendo patria desde su región, y al evocar la idea patriótica, activa y pone en movimiento sentimientos nacionalistas muy poderosos, con la salvedad que su patriotismo lo entiende como una manera regional, propia y única de hacer patria. En ciertos casos, su primera patria es la región (Nación Primaria o Matria) y su segunda patria es la nación (Nación Secundaria o Patria). Finalmente cabe subrayar la importancia decisiva que tiene en la formación de la cultura y la identidad regionalistas, la re-escritura de la historia. El regionalismo supone y contiene una lectura de la historia, una historia que se escribe en la región a diferencia de la historia que la nación escribe de sí misma. Los regionalismos modernos se apoyan fuertemente en la visión histórica de la propia región, en la interpretación histórica de su propia relación con el centro, con el Estado o con la capital.

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