CONSTRUYENDO LA IDENTIDAD REGIONAL
Elemento esencial en la lucha político-electoral del regionalismo en Chile
Por Juvenal Urízar Alfaro
Partido Regionalista de los Independientes
P.R.I. Región de Coquimbo.
I. Introducción.
De antemano agradezco a todo quien se dé el trabajo de leer este documento, a ellos les digo que tengo la confianza en que su esfuerzo será recompensado, ya que, su probable aridez conceptual es directamente proporcional a su utilidad en la praxis social económica y política. Me he propuesto realizar un examen crítico de la construcción de la identidad regional, tomando como sujeto de estudio a la Región de Coquimbo, eso no implica que lo pueda hacer cada amigo o camarada lector (en el entendido pues que, rescatando los valores esenciales comunes a todos los chilenos de regiones, cada cual podrá hacer este mismo ejercicio regionalista en la suya propia). Interesa pues, contrastar dos discursos identitarios diferentes a partir de las concepciones de discurso público y privado señaladas en textos históricos y literarios que se centran en el acontecer de la región. El análisis estará divido en dos partes. En la Historia de la Región de Coquimbo, nos avocaremos a comprender la identidad pública como un proceso complejo de edificación de la identidad que funciona en varios niveles; luego, analizaremos los rasgos notoriamente identitarios del mundo y de los personajes hallados en el mundo literario de Gabriela Mistral.
Lo propio entonces pueden hacer los camaradas de otras regiones con los textos de preclaros escritores muy disímiles entre sí en estilo, notoriedad y reconocimiento literario, pero que ejercitaron una conciencia literaria claramente telúrica en su lírica o narrativa, me refiero a Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Francisco Coloane, Patricio Manns, Hernán Rivera Letelier, Raúl Zurita, entre muchos otros.
Corresponde contrastar las dos identidades y veremos cómo la identidad pública oculta antagonismos reales que la versión privada nos revela. De igual modo, estudiaremos los distintos estadios o niveles en que se expresa la identidad regional y como se entretejen y relacionan respecto a la identidad nacional y a la realidad de la base social. Todo ello se enmarca dentro de la reflexión seria y concienzuda que como regionalistas debemos hacernos siempre acerca de la problemática de las identidades al interior de la nación-Estado y su relación con la modernidad y la globalización.
II. Construyendo las identidades regionales.
Podemos intentar enriquecer el debate sobre la identidad nacional, haciendo pasar dicho tema por el reconocimiento necesario de la diversidad a través de las regiones culturales que frecuentemente traspasan las fronteras políticas entre países o coexisten incómodamente con las pretensiones homogeneizadoras del Estado-Nación, máxime en su consabida versión centralista.
Durante el siglo XIX, a pesar que las clases dirigentes de las noveles repúblicas de Latinoamérica intentaron, junto con la construcción de un estado nacional, la búsqueda de un sentido de identidad nacional, ello se realizó más para justificar la existencia de hecho republicano que por convicción (pues culturalmente dichas clases miraban a Europa, primero Francia y luego Inglaterra como modelo de sociedad, hoy lo hacen a Estados Unidos) con todo, sigue siendo cierta la constatación de que la mayoría de las sociedades latinoamericanas no está unificadas culturalmente y que, salvo honrosas excepciones que constituyen más bien ciertas y determinadas formas centrales de integración y síntesis que indudablemente existen, aún así las diferencias culturales son todavía muy importantes. Estas diferencias se denotan claramente como identidades culturales regionales, refractarias con respecto a la identidad homogénea y supuestamente representativa que ha sido construida para la nación.
Al pretender reconocer la existencia de una identidad regional, trabajamos bajo la premisa de que existen regiones diferenciadas culturalmente, ergo las regiones culturales pueden existir como subdivisiones al interior de la nación, sin importar su extensión territorial. Además, estas regiones no se limitan a las fronteras políticas y frecuentemente abarcan países limítrofes.
Pensar a Latinoamérica en regiones es complicado a primera vista, pero implica hacer el esfuerzo de reconocer no solamente el medio físico, sino la composición étnica de la población, la producción económica dominante y el sistema social derivado, así y todo, lo más importante es privilegiar el rasgo holístico o de horizontalidad multisistémica, en palabras simples: la expansión horizontal de una subcultura (concepto sin el cual no puede hablarse de región y les pido se entienda por subcultura, no en el sentido peyorativo, sino como manifestación de sociedad homogénea cuya existencia está cubierta, negada y excluida por la cultura centralista dominante) aceptando entonces el hecho de que se establecen conductas, valores, hábitos (usos y costumbres) y que generan productos que responden al atávico e inmemorial consenso de los hombres que viven dentro de los limites regionales, cualquiera fueren sus posiciones dentro de la estructura social.
Puesto que los rasgos identitarios que comparten un colectivo de habitantes se da dentro de un territorio determinado, sin diferenciarse según nociones de clase social, profesión, renta y nivel educacional. Las últimas categorías señaladas constituyen la dimensión vertical de la identidad cultural. Son las diferencias económicas y de ubicación en el tejido social las que priman en esta concepción. Estas diferencias, plasmadas dentro de un territorio psicosocial común, la dimensión horizontal, son las que constituyen las regiones culturales y que, a su vez, enmarcan las identidades culturales regionales.
Debido a sus características específicas en cuanto a cultura, historia y geografía, creemos pertinente considerar a Coquimbo como una región cultural que posee una identidad que la diferencia de las demás regiones culturales y también de la identidad nacional. Además, existe una confrontación a nivel público entre identidad regional de Coquimbo e identidad nacional, al servicio de la búsqueda de la autonomía de la región.
No obstante ello, cabe hacer presente que dicho nombre no causa del total consenso, algunos les gustaría que se llamare Región de los Valles Transversales, o del Norte Fértil, o de La Serena, ciertamente ninguna a primado, quizás esa diferencia se deba a la ciudad-puerto de Coquimbo, la cual lleva por gentilicio coquimbano, lo prudente será reflexionar como Región y buscar otro gentilicio para los coterráneos de la región de Coquimbo que no sea coquimbano, por ejemplo, propongo desde ya y con total desparpajo en aras de dicho fin los gentilicios de: coquimbense, además de coquimbeño o coquimbero.
III. Análisis de los textos regionalistas.
Los procesos tendientes a la construcción de la identidad regional, no solamente se dan a nivel nacional e internacional. De hecho, el caso de la región de Coquimbo, constituye un ejemplo de construcción de identidad en el nivel regional. Para mostrar este proceso, hemos elegido un autor cuya obra se fundamenta, originalmente y de manera central y privilegiada en la Región de Coquimbo, desde la perspectiva rural del Valle de Elqui.
Con toda franqueza, podemos atrevernos a decir que la identidad regional existe en una esfera pública, como un discurso articulado claramente selectivo, y al mismo tiempo en una esfera privada, existe dicho discurso en la base social manifestándose como una forma de subjetividad individual y de diversos grupos. que se expresa en sentimientos muy variados, a veces no bien representados en las versiones públicas.
Gabriela Mistral, escritora regionalista, nos muestra una mirada más cercana a la realidad concreta. No escribe desde la abstracción o desde lecturas sino que parte desde su propia experiencia de vida para contarnos la vida y los acontecimientos de los personajes en permanente diálogo con la naturaleza y la realidad económica y social. Representa la vertiente privada, heterogénea y más amorfa de la identidad. La diversidad de las prácticas culturales y de las condiciones socioeconómicas que se perciben en los cuentos analizados, desmienten el discurso público que se presenta como verdad única y homogénea para la recepción de la base social.
Podemos reconocer en la visión subjetiva individual y colectiva, la condición necesaria para que exista un consenso generalizado, lo que no significa homogeneización. Implica el reconocimiento de ciertas características (comportamientos, valores, hábitos y productos) como parte del acervo común que los diferencia geográfica y culturalmente de otras regiones. Son las versiones públicas las que intervienen para seleccionar ciertos rasgos y construir una identidad homogénea que oculta la diversidad de las culturas que coexisten en un lugar determinado.
Reflexionemos pues sobre las características de la identidad pública ofrecida por Gabriela Mistral y hagamos una breve reseña sobre la literatura de ella, considerada como una versión privada. Luego contrastaremos los dos mundos literarios, profundizando en los mecanismos de producción de una identidad pública y revelando cómo éstos se contradicen con las identidades particulares.
La identidad pública: Su prosa.
La preocupación por construir un discurso público acerca de la identidad regionalista, a la cual nos atrevemos a catalogar como propia de un telurismo neo-diaguita, es una de las motivaciones centrales de la obra en prosa de nuestra Nobel poetisa. Explícitamente, espera que la recepción de sus textos influya sobre la gente, su auto imagen y su comportamiento.
Ella propone una recepción didáctica de su obra. Busca influir en los comportamientos y en las autoconcepciones de sus lectores nacionales (pero implícitamente confía en llegar a su lectores coterráneos), pues su lectura le confiere a su obra un valor agregado, ya que contribuye a la autoestima de los habitantes, y a reforzar su identidad y singularidad entre las regiones de Chile y en el concierto latinoamericano y mundial.
La obra no necesita decir que dedicada a los niños y jóvenes que son sus coterráneos, quines deben rescatar su identidad indígena y mestiza perdida, negada o excluida, sabe que eso no puede ser repuesto ciento por ciento, por eso realiza una specie nuova, un nuevo comienzo, pero partiendo desde las raíces genuinas, es justamente este verdadero telurismo neo-diaguita, el que va dirigido justamente a dichos niños y jóvenes, en quienes ella ve los factores dinámicos que permitirán consolidar la labor admirable de los aborígenes totémicos del pasado y de los hombres que en sucesivas generaciones hicieron posible el surgimiento de la región de Coquimbo con una propia, definida y vigorosa personalidad dentro de la comunidad nacional.
Podemos ver como esta manifiesta intención de elaborar una identidad a partir de la figura del indígena perdido en los arcanos del tiempo, cuyo legítimo heredero es el mestizo, sobre todo el pirquinero y/o el arriero, como personajes individuales y al pesador y al comunero agrícola como personajes comunitarios, eso derechamente choca con la realidad dura, llena de contradicciones sociales, políticas y económicas.
La dimensión pública de la identidad corresponde a un discurso coherente y consistentemente articulado, el cual frecuentemente pretende constituirse como única identidad verdad válida para toda la sociedad. Son selectivos, excluyentes y homogeneizadores con respecto a los hábitos y prácticas culturales de los habitantes en la base social. La obra literaria de Gabriela, quizás sin proponérselo está dotada de un profundo y sincero trasfondo sociopolítico, pues se construye la identidad a partir de los rasgos identitarios del indígena, el mestizo y el antiguo español, evidentemente endógena, pues las aportaciones de acervo cultural de colonias extranjeras son muy menores (exceptuando la música norteña de México, llamada ranchera, hecho cultural común a otras regiones del país).
Se construyen en base a los intereses de los grupos hegemónicos de la sociedad regional, a través de una variedad de instituciones culturales como los medios de comunicación, instituciones educacionales, religiosas y militares, aparatos del estado etc. En este sentido, Gabriela, claramente articula su discurso no en sofismas o entelequias vicentehuidobrianas, sino desde su propia realidad, así entonces es una profesora que se dirige hacia la comunidad regional y nacional, manteniendo siempre la simplicidad de su mensaje, producto de que su primera tribuna fue la escuela rural y los diarios regionales y locales. Representa, quizás no un grupo, pero si una corriente de pensamiento a favor del regionalismo político, más que la mera regionalización administrativa, y sus desabridos sucedáneos como la descentralización; ella siempre deseó la autonomía regional que rechaza la cultura centralista y de mando proveniente de la capital. Podríamos decir también que es una eterna optimista respecto al futuro, no así de la modernización, no por negarse a priori al progreso, sino porque desconfía que los poderes del centralismo le den a éste, un rostro humano y sobre todo un rostro de región... el tiempo sempiternamente se ha encargado de darle la razón, ya que escribía con la fuerza inspiradora de los elementos de la naturaleza, jamás halló inspiración en cafetines de urbes ni metrópolis, siempre escribió a mano y de mañana y en plano campo, o en patios o jardines o al menos en una pieza con la ventana abierta a dichos lugares, según sus propias declaraciones, siempre fue excelente contertulia a la hora del té, pero bohemia o noctámbula ella jamás fue.
La identidad regional que predica, puede llegar a constituirse como un sólido discurso que se afirma como un sí al telurismo sociocultural, el cual por coherencia se opone al carácter homogeneizante y nacionalista decimonónico de la identidad nacional, orquestado por el centralismo. En este sentido, se puede visualizar la identidad pública regional como una forma de resistencia a la labor del centralismo, como conductor del Estado, que visto así es una verdadera prisión de las regiones. Sin embargo, es no significa que sea perfectamente posible que ocurra a su vez el ocultamiento de divisiones internas y que se excluyan a algunos grupos dominados al interior de la región. Estas identidades, cuando defienden su diferencia, se oponen a la identidad nacional, a la que consideran una fuerza que mantiene a las regiones subsumidas en un atraso económico, social y cultural.
La propuesta de articulación horizontal de una identidad regional pública resulta clave para intervenir en la lucha por alcanzar la autonomía regional, es horizontal porque no proviene de elites inspiradas, al contrario es deber moral de todos los coterráneos. En este punto, el discurso de Gabriela Mistral preconiza el derecho a la diferencia identitaria de la Región de Coquimbo como justificación de la autonomía política y la descentralización administrativa real.
En el caso de la Región de Coquimbo se dan todas las condicionantes: apreciamos un territorio definido, con sus notorias particularidades desde el punto de vista natural; tenemos una historia que es diferencial; tenemos una sociedad que es el producto de aportes esencialmente nacionales, surgidos del mestizaje entre españoles e indígenas, fundamentalmente de la cultura diaguita chilena; tenemos una cultura que se ha generado por la presencia del hombre y su adaptación al ambiente, en suma poseemos todos los elementos que nos dan una identidad clara y que nos permite pensar que aquí podría funcionar perfectamente una autonomía regional, tal como se da, en el ejemplo español y en otros estados europeos o asiáticos no federales (Portugal, Italia, Bélgica o Japón).
Recordemos que resulta muy común que las versiones públicas correspondientes a la identidad regional sean funcionales a los intereses y visiones del mundo de algunas clases o grupos dominantes en la misma sociedad (regional) y que, por lo tanto, hay una motivación política, dirigida hacia el futuro, que trata de mostrar por qué debemos aceptar o rechazar lo que hemos hecho y seguir o cambiar el camino que se abre delante nuestro. La radicalidad del mensaje de Gabriela Mistral radica en que nada de eso existe, su propuesta de identidad pública nace de la mirada atenta de la vida y muerte de las personas humildes, que compartieron su infancia y juventud, no sal de saraos o almuerzos con los poderosos (ni de la metrópoli ni de las regiones) antes bien, ella propugna (quizás sin proponérselo) una decidida construcción Regional sin Estado (en el entendido que busca hacer nacer sinergia regional resultante de la contemplación crítica del tiempo presente en relación con un pasado de legítimo orgullo regional, a fin de ser proyectado hacia un futuro tendiente a un destino comunitario manifiesto) insisto, la radicalidad d su mensaje de identidad pública, nace justamente de quienes ella se nutre, de personas privadas, no de personajes públicos, por ende, es más valioso, ya que esos seres anónimos por excelencia, vivirán por siempre inmortalizados en sus páginas, pero más aún, la suma de ellos y no sus rostros líricamente acrisolados, dan origen más que a arquetipos de personajes regionales cual modelos de identidad, antes bien, originan una personalidad regional, un acervo, un patrimonio intangible un deber o querer ser o temperamento regional, que nutre al Ser o Alma regional.
Mi postura, tras analizar someramente la obra de Gabriela Mistral es coincidir con ella en la unitariedad del Estado de Chile, pero ello nunca ha sido obstáculo argumental ni legal para el regionalismo, pues éste jamás ha pretendido atentar en contra de la conservación del patriotismo de la nación chilena, pero sí, se defiende del ataque artero de la caricatura del patriotismo nacional, ese nacionalismo decimonónico, del cual se sirva el centralismo en sus caras política y económica es quien directa o indirectamente siempre ha justificado, promovido y sustentado la negación y exclusión del hecho regional, prueba de ello es que hasta la fecha las regiones de Chile no tienen personalidad jurídica ni patrimonio propio (como el Fisco de Chile sí lo tiene) solamente poseen esas facultades legales los respectivos Gobiernos Regionales (GORE), quienes perpetúan el sempiterno esquema de dependencia entre el centro santiaguino y la periferia de las regiones, corresponde abogar entonces por el autogobierno o la autogestión como una alternativa para el futuro, sin que jamás implique renunciar a la unitariedad del Estado.
Las identidades privadas: su obra poética.
Resulta mucho más difícil el poder hablar de las versiones privadas de la identidad. El ámbito público es más entendible y ha sido privilegiado en los estudios de las identidades nacionales. La lectura de las versiones privadas no ha sido estudiada con profundidad. Probablemente, es la etnografía la disciplina más cercana al estudio de las identidades privadas, puesto que se desarrollan en espacios más restringidos y locales en las múltiples conversaciones e intercambios de la vida diaria. Tienen, por eso un carácter más concreto, contradictorio, implícito y de sentido común.
Primeramente habría que estudiar, entonces, el habla de la gente en la calle y en sus hogares, escuchar las opiniones y las costumbres que los caracteriza como subcultura. Por ejemplo, la comida resulta esencial como verdadero patrimonio cultural intangible de cada Región, en la especie, en la Región tenemos la preparación de las churrascas, el mate con queso de cabra, la harina de arvejón, la chanfaina, el camarón de río en Limarí, las ranas apanadas en Choapa, el pisco y sus diferentes combinaciones (sour, serena libre, chuflay, entre otros), el asado de cabrito en familia y, por cierto la siempre variada oferta de la mar en pescados y mariscos; a eso se le suman otros claros rasgos definitorios del carácter o temperamento regional, los cerros tutelares y sus valles mágicos, que generan sentimiento de pertenencia, amor al terruño y, por que no decirlo, orgullo regional. Por internet, también circulan revistas electrónicas, grupos de discusión y páginas web que dan cuenta de la diversidad que caracteriza a las identidades privadas.
La dificultad estriba en que las identidades privadas no circulan como discursos, ni como representaciones. La literatura constituye un grado intermedio entre el carácter implícito e inconsciente de las identidades privadas y alto grado de articulación de la identidad pública. No podemos descartar la injerencia del autor al estructurar su mundo poético, pero, al ser la expresión de un mundo personal atravesado por la experiencia concreta en un tiempo y lugar, no deja de compartir características con la identidad privada. La literatura de Gabriela Mistral se nutre de su vida y de su trabajo en la Región (era que no). Simplemente escribe sobre lo que vivió personalmente o lo que no pudo vivir (en la Región).
Podemos hacer el ejercicio de caracterizar cuatro métodos esenciales de reducción de la diversidad, en aras a lograr uniformidad de mensaje en cuanto identidad privada regional, a saber:
Selección: Sólo algunos rasgos, símbolos y experiencias grupales se toman cuenta y otros son excluidos.
Oposición: Ciertos grupos, modos de vida, valores e ideas son presentados como si estuvieran fuera de la comunidad nacional. La identidad cultural se define por oposición a estos grupos.
Naturalización: Ciertos rasgos culturales propios se presentan como si estuvieran dados naturalmente en el carácter nacional.
Evaluación: Los valores de ciertas clases, instituciones o grupos se presentan como valores nacionales, mientras se excluyen otros valores que no se consideran representativos, éstos valores excluidos (o incluso negados) son los regionales.
Por supuesto que, en la práctica, estos mecanismos rara vez se presentan separados unos del otro.
IV. Conclusiones.
En el transcurso de este documento de trabajo, he tratado de hacer un somero recorrido por las múltiples caras de la construcción de la identidad regional, entendida como constitutivo del Ser Regional, en cuanto manifestación cultural. En Coquimbo, nos encontramos con un discurso publico, altamente articulado, sobre la identidad y la diferencia, que cumple un rol de resistencia a las pretensiones hegemónicas del Estado y sus prácticas político-económicas centralistas. El alto grado de autoconciencia que caracteriza al discurso de Gabriela. Ella obviamente critica el verdadero lastre que significa la situación de dependencia de la periferia para con la capital, proponiendo la autonomía regional como la mejor forma de vencer el estancamiento cultural y económico. Basándose en una concepción esencialista de la identidad, construye, un 'sujeto' que posee las características de trabajo, perseverancia y virtud atribuidas por el texto a una mixtura indígena-española, responsable de fundar el progreso sociocultural de esta región. Confía en que estos rasgos provenientes de la 'herencia minera, campesina y pesquera, sea compartida por todos los hijos e hijas de la región de Coquimbo, a fin que su tesón llegue a garantizar que la Región de Coquimbo volverá a ocupar el sitial de modernidad y desarrollo que tuvo durante la época dorada (1851 – 1929).
En otras palabras, el mundo que habitan no sólo lo determinan los accidentes geográficos y climáticos de una naturaleza caprichosa. También está culturizado por las prácticas del sistema socioeconómico (el imperialismo expansionista, por un lado y una economía exportadora por el otro), vigente en la época que se expresa en la formación de las sociedades mineras con capitales extranjeros, fundamentalmente estadounidenses o ingleses. Es una realidad compleja que la identidad pública oculta tras el mito del pirquinero, que a su turno también afecta al campesino y al pescador (producto de las externalidades negativas de los desechos mineros). No negamos que constituye una defensa del derecho cultural a la diferencia valido para la región frente al discurso monolítico que hace el centralismo, para lo cual se apropia y caricaturiza el patriotismo chileno, transformándolo en nacionalismo chauvinista, que aplasta todo sentimiento de Ser regional, creyendo ver en ellos de manera cuasi esquizofrénica movimientos ridículos de hecho… pero delictivos por principio (poco menos que traidores a la Patria, como si la Patria fuera el barrio cívico de Santiago y hubiere que mostrarle reverencia y agradecerle por llevarse nuestros recursos y tributos ¡faltaba más! El modelo sugerido se complejiza si incorporamos el nivel regional propuesto dentro de una nación, ya que el discurso de la identidad nacional coexiste con los múltiples discursos regionales. En el caso de Coquimbo, esta identidad regional articulada, compite y se enfrenta con la identidad nacional. Ambos discursos buscan influir en la base social que enmarca la región cultural. Un discurso propugna la unitariedad del Estado y la uniformidad cultural y territorial, mientras el otro defiende la diversidad cultural, la autonomía y el autogobierno sin perder la condición unitaria.
Ante esto, Gabriela Mistral sabiamente como buena maestra que fue, construyó el sustantivo Matria, para referirse a la nación primaria, a la patria carnal, al terruño, a la tierra de los afectos (tal como se visualiza a la madre) y a su vez enriquece el vocablo Patria, designando así a la nación secundaria, que es el constitutivo del Estado; con todo y dicho en breve, sin Matria no hay Patria y sin ésta no hay Estado (ni fisco, ni clase política ni sistema económico) por ende el centralismo en aras de su mezquino poder pretende eliminar a su propio origen, deshacerse de él, tal como algunos se deshacen o niegan a sus parientes pobres, a fin que sus nuevas amistades (naciones del primer mundo o mercados emergentes) no arruguen la nariz y nos tilden de premodernos.
Falta hacer una crítica más acabada y fiel del proceso circular de construcción que origina a la identidad regional entre la versiones privadas y las versiones públicas. Este modelo se enriquece al reconocer distintos niveles en los discursos que se relacionan entre sí y, a la vez y por separado con la identidad nacional. Creo muy importante que al hablar de pequeños o micro discursos, que manan del la base social y que intentan competir e influir el poder hegemónico de un macro discurso de identidad pública regional o nacional, podría ser una aproximación teórica definitivamente más compleja. Es una formula productiva para acercarnos a América Latina desde un punto de vista basado en la diversidad y las múltiples identidades que perviven en las regiones culturales.
Así y todo, lo esencial es que Chile está compuesto por la unión de muchas Matrias, las cuales conformaron el Estado y éste inventó una Patria, cuando no debía hacerlo, porque ésta ya existía en el concierto de dichas Matrias, así un genuino sentido de patriotismo, nada tiene que ver con el chauvinismo nacionalista sirviente del centralismo, que solamente pretende destruir a las naciones primarias o carnales, en definitiva al Ser regional; por ende como regionalistas, debemos oponernos por principio, pues defender a las identidades regionales es defender los valores esenciales y permanentes que constituyen el alma de Chile.

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